Estimados compañeros y compañeras:
A continuación, me dispongo a exponer un ejemplo muy cercano de la desigualdad de género sufrida por parte de un familiar en este año y la cuál constituye la noticia en la que me basaré para realizar mi reflexión. Dicha noticia será desarrollada en los siguientes párrafos:
La tierra en la que nací es Jaén, una provincia desconocida para muchos. En esta provincia, la principal actividad económica y fuente de trabajo se encuentra relacionada con el sector primario, esto es, la agricultura. Las oportunidades laborales se fundamentan en el trabajo del olivar y su fruto -la aceituna- para más tarde, obtener ese "oro líquido" que abunda en la gastronomía española.
El episodio de la desigualdad de género ocurrió en el mes de enero de este mismo año, en plena campaña de aceituna, en una localidad muy próxima a nuestra residencia.
Mi cuñada se despertó, preparada para dar comienzo a una nueva etapa laboral con mucho entusiasmo e ilusión, ya que retomaría el trabajo después de un largo período desempleada. La idea de este nuevo trabajo surgió gracias a que un folleto de nuestro pueblo anunciaba una oferta de trabajo en una localidad vecina de un gran "terrateniente" (término empleado en esta provincia para hacer referencia a una persona dueña de grandes fincas de olivas), el cuál necesitaría a un elevado número de trabajadores que le ayudasen durante la recolección de la aceituna en este año.
Mi cuñada, vio esta situación como una oportunidad laboral perfecta, y se ofreció como recolectora, llamando al teléfono de contacto que aparecía en dicho anuncio. Todo parecía que marchaba bien, puesto que la persona que le contestó, la citó esa misma tarde para hablar de los términos contractuales, pero nada más lejos de la realidad.
Durante esa tarde, la persona que necesitaba a trabajadores para la recogida de la aceituna se presentó en la cafetería, lugar acordado para definir el contrato de trabajo y la cita fue breve, puesto que su respuesta fue bastante clara: ¡Los hombres han nacido para el campo y las mujeres para la casa!
Esta respuesta, como podemos observar, se encuentra repleta de matices de género, especialmente de una actitud y pensamiento machista, la cual deriva en una evidente desigualdad hacia la mujer en este ámbito laboral.
Este señor tiene un pensamiento muy arcaico, para nada correspondiente al siglo en el que vivimos, en el que continúan muy presentes esas diferencias sociales entre niños y niñas y que se hacen notar en este tipo de trabajo: el pensamiento es que "la recogida de la aceituna es un trabajo muy mecanizado y que requiere grandes esfuerzos, por lo que el sexo femenino, al ser el sexo débil, no es apto para el ejercicio de estas tareas, lo que genera una discriminación directa para el colectivo de las mujeres en este sector.
Desafortunadamente, esta desigualdad de género es muy habitual entre las mujeres de esta provincia, y especialmente, en este sector. Como medida correctora para intentar mitigar este tipo de desigualdades, y de esta forma, poder garantizar el principio de paridad e igualdad de oportunidades, propongo que las inspecciones de trabajo traten de concienciar a los empresarios agricultores o incluso, las cooperativas proporcionen algún incentivo a estos empresarios para que contraten a mujeres.
La desigualdad de género nos afecta a todos. No mires hacia otro lado.
Alumna INAP: María Dolores Arroyo Moral
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